Piñera, Frei y América Latina: una cuestión de ideas y actitudes, por Rafael Rincón
Aún cuando una franja de la candidatura concertacionista exacerba el temor y la hostilidad hacia el empresariado y la clase mejor acomodada, Eduardo Frei no es hombre de ideas radicales y reñidas con la libertad. Con loas al Estado elefante y raros reparos a la economía de libre mercado, Frei no desmantelará el sistema ni azuzará espíritus aventureros. Aunque llame a “no vender el país a los ricos” y a “impedir que el dinero se apodere de La Moneda”, claro coqueteo para los más izquierdistas, Frei no es un revolucionario antiburgués. Frei II, condicionado hoy por la coyuntura política, en la práctica no se apartaría demasiado de Frei I y de sus predecesores.
A Sebastián Piñera, exitoso en los negocios y en la política, le caracteriza el optimismo y un ímpetu arrollador. También el ánimo innovador y el buen sentido para comprender el momento y el entorno en los cuales actúa. Si llegara a La Moneda, como vaticinan las encuestas – y los taxistas, de un olfato que el Altísimo les guarde – emprendería Piñera cambios quirúrgicos, meditados y sensatos, como suelen hacer los de su perfil. No dará golpes de timón alocados ni extirpará lo bueno existente, sino que reparará y mejorará lo susceptible de reparación y mejora. Las premoniciones apocalípticas sobre demoliciones de obras concertacionistas son tan descabelladas como las advertencias sobre la “subasta de Chile”, artilugios retóricos y catalizadores psicológicos del espanto colectivo.
Dicho lo dicho, me place constatar el acierto de Mario Vargas Llosa cuando escribió “Bostezos chilenos” en 2006, a propósito de las elecciones presidenciales de aquellos días. Con razón refería el escritor la divina dicha del chileno, que puede disfrutar del aburrimiento político. Los chilenos no se juegan (agrego: al menos hasta ahora) la vida en cada elección, cosa que sí suele ocurrir en los países donde la barbarie, la insensatez y el desatino son instituciones. Franco y sin anestesia, escribe el autor: “Comparado con sus vecinos, el civilizado Chile de nuestros días es un país muy aburrido. Nosotros, en cambio, los peruanos, los bolivianos, los argentinos, los ecuatorianos, vivimos peligrosamente y no nos aburrimos nunca. Por eso nos va como nos va”. Quizás porque desde hace ya una década no saben lo que es una elección normal y libre, no mencionó Vargas Llosa a los venezolanos, muchos de los cuales aún se apasionan por el vértigo y la aventura extrema… kamikazes políticos, vamos.
Así, seguros de que en lo doméstico no nos aguardan sobresaltos ni habremos de dormir con un ojo abierto, por si nos secuestra el Estado o nos “subastan”, quedan inquietudes, más bien en el plano internacional – hemisférico: ¿Cuál será la conducta chilena en la convulsionada escena política latinoamericana, hoy cuando se enfrentan visiones irreconciliables sobre el desarrollo y la libertad? ¿Qué hará Chile en medio de este innegable choque ideológico – político, no entre derechas e izquierdas, sino entre barbarie y libertad; entre sociedades cerrada y abierta? ¿Qué carácter frente al club de gobiernos populistas, “antiimperialistas” y colectivistas, ninguno medianamente respetuoso de la libertad? ¿Qué actitud frente a lo que Carlos Rangel llamó la “ideología tercermundista”, que parece avanzar sin freno?
El porvenir de las sociedades – las latinoamericanas no escapan – depende más de las ideas gobernantes que de azares económicos y de otros imponderables. Las ideas políticas, los valores y las creencias influyen enormemente en la definición de los objetivos políticos y en la elección de los cursos de acción para alcanzarlos. La suerte del conjunto latinoamericano está atada, hoy más que nunca, a las ideas predominantes. En esta cuestión sí pudieran diferenciarse Frei y Piñera. Y advierto que no se trata de quién alistará las bayonetas frente a los Chávez, Morales, Correa, Ortega y Castro, sino de qué caracteres, actitudes y aptitudes lucirán los potenciales presidentes para defender y promover la libertad y una visión sensata sobre el desarrollo regional, que no sólo nacional. Frei, probablemente y no estando en duda su disposicion democrática personal, estará limitado y condicionado por la creciente influencia del lado más izquierdo de la Concertación e, incluso, del sector comunista del cual espera apoyo. En cambio, un eventual triunfo de Piñera, ideológica y políticamente más firme, sería muy feo para el eje populista y revolucionario – socialista; catastrófico si la experiencia termina con éxito y confirma, como ya lo ha hecho la propia Concertación, que la fórmula economía de libre mercado + sana institucionalidad política es una opción decente de desarrollo y bienestar. Eso, sumado a una postura inteligentemente decidida, no necesariamente de confrontación, ya sería un buen aporte a la libertad y una señal de alto a la barbarie.
Fuente: Blog La Tercera


